Pesca
Hace miles de años que el ser humano inventó la pesca, más o menos cuando llegaron al mar o a algún tipo de estanque. Cabe destacar que un tío de Soria lo estuvo intentando en la montaña en medio de la estepa sin éxito.
Yo al tío de Soria no lo llegué a conocer, pero sigo sus pasos, porque no pesco una mierda. En cambio los que me rodean sí. Los enigmas del mar. Mismo cebo, misma distancia de lanzamiento, mismo anzuelo y distinto resultado. La pregunta es obvia y como dice el luso, ¿por qué?
Mi pasión por la historia me hizo investigar para tratar de averiguar las razones de mi cenizo. Partí de madrugada a través de un túnel espaciotemporal hecho en el fondo del cenicero. De un salto, lleno de ceniza, chicles y colillas llegué a otra dimensión donde me esperaba Rocky Marciano convertido en arenque. Estaba meando y no quise interrumpirle. Los arenques mean durante horas, así que me esperé acabando las colillas. Finalmente se giró y se fue, porque no era Rocky Marciano sino un arenque normal y corriente, que había parado a mear, pero cuando se iba me pareció que me hacía un gesto para que lo siguiera y fui tras el, respirando bajo el agua. Me habían salido aletas y tenía branquias, pero mantenía mi cerebro de merluza.
Nadamos durante horas y en medio de un prado de poseidoneas el arenque, que era de Badía como el Busquets, se paró y me sacó una chirlita y amenazándome me dijo la lombriz o la vida. Yo le dije que no llevaba más que cebo artificial, que venía de visita. Cuando estaba a punto de rajarme, apareció un siluro mutante procedente del lago ucraniano de Prypiat y se zampó el arenque. Aquella especie de Ella-Laraña tenía más hambre y se vino a por mí. En el último momento vi una pieza metálica a la que me agarré desesperado y sorprendentemente salí disparado hacia arriba dejando al siluro que se estaba devorando su propia cola. Lejos del terrible pez, intenté bajarme de mi gancho salvador, pero no podía. Subía y subía hacia arriba, así que dejé de resistirme. La luz era cada vez más fuerte, la superficie se aproximaba. El resto de peces me despedían con lágrimas en los ojos todos esos momentos se perderán...
De repente me vi fuera del agua y allí estaba Ringo Star, bueno al menos su bigote, detrás imagino que estaba Ringo. El bigote de Ringo me cogió y me sacó de la pieza metálica poniéndome dentro de una cesta de mimbre. Cual fue mi sorpresa, hasta aquí no me había sorprendido nada, cuando vi que dentro de la cesta había varias copias hechas de mi mismo, así como el agente smith de Matrix pero sin gafas de sol y con branquias. De repente las paredes de la cesta se volcaron y mis copias se convirtieron en un humo que pronto tomó la forma del Capità Carquiñoli.
CC: He te aquí tirado, espero que hayas aprendido la lección.
T: Sí señor: "¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, nuestro terrible viaje ha terminado..."
CC: No, imbécil. Me refiero a si ya sabes lo que es sentirse pez.
T: Oh, sí, aunque de hecho ya lo sabía.
CC: Ah si? y el sufrimiento que causas al pescar?, la congoja de sentir como te arrastran fuera de tu medio, la falta de aire, la pérdida de toda esperanza, el miedo...
T: Ay capità, tu nunca has trabajado de camarero en Paseo de Gracia ¿verdad?
domingo, 8 de mayo de 2011
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