El Bujier
Con el verano casi no tengo tiempo para escribir pero voy a hacer una excepción, pues el otro día fui a pescar con un par de amigos y descubrí que uno de ellos está opositando para bujier.
Mi amigo, de joven havia sido ojeter de conciencia y no fue a la mili. Priscila se llamaba por aquel entonces. Luego cambio, en general, y ahora ya es un auténtico mariconazo.
Pero bueno fuimos a pescar. Mientras elegíamos sitio, poníamos plomo, mosquetón y anzuelo algo nos sobresaltó. Mi amigo bujier llevaba uno de sus atuendos livianos y correteaba feliz por el puerto, pero antes de tirar la caña, ya se la habían tirado a él, un galán con una vespino. El vespiniano quedo prendado del atuendo del bujier y lo asaltó.
Mi otro colega no-bujier y yo, empezamos a partirnos de la atrapada que le acababan de pegar al muchacho, pues no tenía escapatoria. Debía elegir entre tirarse al mar que estaba lleno de congrios, subir a la vespino y curarse de las almorranas o resisitir.
Resistió, pero a que precio. El vespiniano lo acosó a lo largo de la noche, le dijo a la hora que plegaba, le hecho piropos sobre su sonrisa... Fueron horas memorables para unos y agónicas para otro. Su jersey de rayas hizo estragos. El pescador pescado por un vespiner. Mi sol y mis estrellas le decía el vespertino mientras bujier se hacía el remolón.
Un gran partidón de caja fue ese día pescando. Cuenta la leyenda que la ropa que usó el bujier fue un regalo de Ricky Martín con un bordado de Josmar. Nadie sabe donde está ahora, lo más probable es que se la diera a Frodo para que la tirará al Monte del Destino.
Durante la noche también se descubrió que yo pescaba antes de nacer, antes de existir el mar, antes incluso, de que hicieran thalassa, bueno eso quizás no.
Fue una noche en la que reivindiqué mi título de Gasman y en el que demostré que si comes tres platos de migas lo más probable es que generés un tifón o al menos un tufón. Quedó claro que dos platos de migas hacen el mismo efecto, incluso en bujier, que se las come todas, las migas.
Y por último, mis largos años como pescador hacen que me permita daros un consejo que nunca falla. La mejor hora de pescar es en el quinto días de las kalendas justinianas, cuando la luna no es ni creciente ni menguantes. En la hora de los bujieres, más o menos sobre las 2 de la noche y con las obras completas de Julio Cortazar como amuleto. Caña vieja, sardina podrida y Cortazar, mucho Cortazar y sacaréis sardos a paladas siendo la envidia del resto de pescadores que, cual buitres, intentarán copiaros el truco. Y os imitarán pero en algo fallarán, pues pocos son los que conocen el poder de Rayuela.
lunes 25 de julio de 2011
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